Criolipólisis en Córdoba:
Hay zonas del cuerpo que no atienden a la lógica del esfuerzo: comes mejor, haces ejercicio, bajas de peso… y, sin embargo, ese cúmulo de grasa en flancos, cartucheras o abdomen sigue ahí, invicto. No es falta de disciplina, es distribución de grasa y genética. La criolipólisis se creó precisamente para eso: atacar depósitos localizados resistentes al cambio de estilo de vida, sin necesidad de pasar por quirófano. No es un tratamiento para adelgazar globalmente, sino una herramienta para definir y remodelar cuando el peso ya está razonablemente controlado.
Grasa localizada: por qué no responde igual que el resto del cuerpo
La grasa localizada tiene mala fama porque parece “testaruda”, pero en realidad responde a patrones biológicos bastante claros. Hay zonas del cuerpo con más receptores que favorecen almacenar grasa y menos que favorecen liberarla, y eso hace que, aunque pierdas peso general, ciertas áreas sigan manteniendo volumen. En mujeres es típico verlo en caderas, muslos externos, cartucheras y abdomen bajo; en hombres, en flancos, abdomen y zona lumbar. Esta grasa no siempre supone un problema de salud, pero sí puede generar un impacto fuerte en cómo te ves y cómo eliges tu ropa, porque altera la proporción del contorno aunque el resto esté en equilibrio. Entender esta diferencia ayuda a no volcar en la báscula una frustración que, en realidad, tiene más que ver con forma que con kilos.
Qué hace realmente la criolipólisis y cómo se vive el proceso
La criolipólisis funciona enfriando de forma controlada el tejido graso hasta un punto en el que los adipocitos (células de grasa) se dañan y desencadenan un proceso de muerte celular programada. El resto de estructuras (piel, músculo) toleran mejor ese frío, por lo que el objetivo es afectar sobre todo a la grasa. Con el tiempo, el cuerpo va eliminando esas células dañadas a través de sus propios mecanismos y la zona tratada reduce su volumen de manera gradual. Lo que se ve externamente, pasadas varias semanas, es una ligera disminución del contorno en la zona trabajada, con un cambio que suele notarse más al vestir que al mirarse centímetro a centímetro en el espejo. No es realista esperar que una sola sesión borre completamente un michelín muy marcado, pero sí que contribuya a suavizarlo dentro de un plan bien diseñado.
La experiencia del tratamiento es mucho más mecánica que dramática. Se delimita la zona, se coloca una membrana protectora sobre la piel y se aplica un manípulo que succiona y enfría el tejido durante un tiempo determinado. Al principio se perciben presión y frío intenso, que normalmente se vuelven más tolerables al cabo de unos minutos, y la persona puede incluso leer o utilizar el móvil durante la sesión. Después es frecuente notar la zona entumecida, algo dolorida al tacto o con un leve enrojecimiento, sensaciones que suelen remitir en días. Los resultados no aparecen a las 24 horas: se empiezan a insinuar a partir de las 3–4 semanas y pueden seguir mejorando hasta los 2–3 meses. La criolipólisis tiene más sentido cuando forma parte de una estrategia global (alimentación, actividad física, otros tratamientos si hace falta) que como intento puntual de “arreglar” un cuerpo del que no te ocupas el resto del tiempo. No sustituye el cuidado diario, pero puede ser un aliado interesante cuando el resto ya está más o menos en su sitio.