Tratamiento de celulitis en Córdoba
La celulitis no es solo “grasa de más”, ni se resuelve con una crema milagrosa de última hora. Es una alteración del tejido graso, la microcirculación y las fibras que sujetan la piel, y por eso puede aparecer incluso en personas delgadas. Lo que la mayoría quiere no es un cuerpo perfecto, sino dejar de ver hoyuelos marcados y ese aspecto acolchado que no se va ni con dieta ni con gimnasio. Los tratamientos médicos corporales tienen sentido cuando entran justo ahí: donde el esfuerzo ya no basta, pero la cirugía queda fuera de lugar.
Celulitis: qué pasa realmente bajo la piel
En la celulitis se combinan varios factores: adipocitos que aumentan de tamaño, fibras que tiran hacia abajo de la piel creando hoyuelos, retención de líquidos y una microcirculación que no funciona del todo bien. El resultado es esa superficie irregular y “a topos” en muslos, glúteos, cartucheras o abdomen, a veces fría y con sensación de pesadez. No es un problema exclusivo de personas con sobrepeso; de hecho, muchas mujeres delgadas presentan celulitis en grados moderados o altos. Los estudios y guías coinciden en que no desaparece solo con bajar kilos: se puede mejorar, mucho, si se actúa sobre varios frentes a la vez (grasa, circulación, tejido conectivo y piel), pero no tiene sentido prometer una “eliminación definitiva” sin cambios de hábitos y sin mantenimiento
Tratamientos médicos para la celulitis: qué funciona y cómo se combinan
Hoy en día, los tratamientos eficaces para la celulitis combinan varias tecnologías que se apoyan entre sí. La mesoterapia corporal, por ejemplo, utiliza microinyecciones con activos lipolíticos y circulatorios que ayudan a romper parcialmente las células grasas, mejorar el drenaje linfático y alisar la textura de la piel; bien planteada, las primeras mejoras en textura y aspecto de “piel de naranja” suelen verse tras varias semanas de tratamiento seriado. La radiofrecuencia corporal aporta calor controlado en profundidad, estimula la producción de colágeno y elastina y tiene evidencia sólida en la mejoría de flacidez y aspecto de celulitis, especialmente en muslos, glúteos y abdomen. A esto se pueden sumar ondas de choque (ondas acústicas), que distintos centros utilizan para romper septos fibrosos, mejorar la microcirculación y conseguir un efecto reductor y reafirmante en glúteos y piernas.
Lo importante no es tener “la máquina de moda”, sino elegir el protocolo que encaja con el tipo de celulitis (blanda, dura, edematosa), el grado, la edad y el estilo de vida de cada paciente. Las sociedades científicas en dermatología estética insisten siempre en lo mismo: los tratamientos corporales funcionan mejor cuando están bien indicados, personalizados, combinados entre sí y acompañados de dieta razonable y actividad física; por sí solos, sin ningún cambio, su margen de mejora es mucho más limitado. A nivel práctico, lo que la mayoría nota tras un plan bien diseñado no es una “pierna nueva”, sino una versión claramente mejor: piel más lisa al tacto, menos hoyuelos marcados en determinadas posturas, contorno ligeramente más afinado y una relación distinta con la ropa de verano. Los resultados son progresivos y necesitan mantenimiento; entenderlo desde el principio evita decepciones y permite usar la medicina estética donde de verdad aporta valor: como refuerzo, no como atajo milagroso.